Día de la mujer, fragmento Sí, siempre fuiste tú

8.3.21

Hoy es un día muy propio para este fragmento de Sí, siempre fuiste tú. Quiero aclarar que obviamente no estoy en absoluto de acuerdo con el maltrato, y que solamente quise mostrar una realidad que muchas mujeres y hombres viven en todo el mundo.

"—¿Si te doy asco por qué no me dejas? Me iré de esta casa y podrás ser feliz. Esto no es bueno para ninguno de los dos.
—¿Por qué quieres deshacerte de mí? ¿Quieres salir para correr detrás de ese cerdo que te hizo daño? —me pregunta tan seguro de sí mismo que me cuesta creer que piense que él no me lo está haciendo. En ningún momento deja de pegarme—. Eres mía, ¿me oyes? ¡Solo mía! Y no voy a permitir que te toque. Que nadie se te acerque, porque te quiero y tenemos que estar juntos hasta que la muerte nos separe. Por eso, Tina, esto que te estoy haciendo me duele más a mí que a ti, pero es por nuestro bien, es para que comprendas que tenemos que estar juntos.
—Darío, por favor, déjame ya.
—No, todavía no has aprendido.
(...)
Me arrodillo vencida y así me convierto en una piltrafa humana. Me lamento, no tendría que haber dejado llegar este momento. Debería haberle dicho a Rocío que no se fuera cuando nos dejaron en casa, ella insistió varias veces, pero yo creí que podría manejarlo. Me arrepiento, tendría que haber pedido ayuda a mis amigas, a mis padres, a alguien… No me tendría que haber quedado callada con el primer empujón, con el control de mi móvil. Tendría que haberlo evitado al primer signo de maltrato, pero creí sus palabras de perdón. No me duelen tanto sus golpes como el darme cuenta de que hace mucho que dejé de tener amor propio. Desde el primer momento en el que permití que me insultara, que me empujara o cuando me hizo daño en el brazo el día que me lo disloqué, tendría que haber huido. "



Encuesta fugaz.

14.12.20

Hola, hola.

Hago esta entrada improvisada y que borraré el viernes. Es para un curso de escritura. ¿Me ayudas?

Es totalmente anónima y me servirán para mejorar, ¿me ayudas?


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Así soy yo

10.12.20

Yo soy yo y mis circunstancias.

Que no te engañe mi sonrisa, ni mi vitalidad para llegar hasta aquí ha habido muchas lágrimas, mucho dolor y muchos fantasmas con los que he luchado cuerpo a cuerpo día a día.

Fantasmas que no me han permitido dormir muchas noches, que cuando pienso en ellos me desvelan, que me aterran y que sé que volverán a aparecer. No sé cuándo, ni en qué momento, pero cuando vea una película, lea un libro o me tome un café me saludaran con su sonrisa heladora. Tendré miedo, por supuesto que sí, ¿cómo no tener miedo de volver atrás, a eso que durante tanto tiempo me paralizó y me hizo ser tan infeliz? ¿Pero sabes qué? Sé que saldré adelante cuando vuelvan.

Saldré adelante porque durante el camino aprendí a enfrentarme a ellos y a ver que en realidad, en su mayoría no eran más que pensamientos puñeteros que yo misma creaba inconscientemente. Aprendí que tengo un doctorado cum laude en autoboicotearme. Os aseguro que nadie me ha hecho tanto daño como yo misma.

¿Cómo lo superé? No lo hice sola y no fue nada fácil. Me muchísimo reconocer que necesitaba unas manos expertas que me ayudaran a poner fin a esas inseguridades que me machacaban día a día. Durante muchos años arrastré la pesada carga que llevaba mi conciencia y no veía salida. Estaba atrapada en pensamientos nocivos que por no ser muy importantes: "no vales para nada", "pero mira que eres torpe", "eres tonta", nunca vas a tener amigos, "en cuanto sepan cómo eres no te van a querer" y muchos otros que todavía hoy de vez en cuando me acompañan, pero que al ser conscientes de ellos trato de compensar con otros muchos más saludables.

Mi psicólogo me hizo enfrentarme al espejo de quién era realmente. No os voy a negar que ese momento fue incómodo para mí y tuve miedo. El reflejo del espejo me devolvió una imagen de mí que no conocía, era como si en realidad yo fuera una extraña: me vi débil. Hasta entonces creía que tenía controlados todos esos pensamientos y que era normal estar siempre diciéndome a mí misma esas cosas. En mi diccionario no cabía otra palabra que fortaleza, creía que era capaz de tirar para adelante pasara lo que pasase. Obviamente era mentira, pero no lo sabía. Fue una sensación muy chocante y me costó aceptarla porque me había pasado veintimuchos años de mi vida sin conocerme, pero a la vez le dio sentido a muchas cosas. Entonces decidí quererme más a mí misma, alejarme de aquello que me hacía sentir una persona que no tenía valor y centrarme en dar pasitos pequeños. El sol poco a poco se fue abriendo en el horizonte sin darme cuenta y cuando por fin estaba bastante mejor y fui consciente de mi cambio (varios meses después de empezar la terapia) comenzó a brillar con más fuerza que nunca. Volví a encontrar el rumbo, o mejor dicho lo encontré por fin.

Reconozco abiertamente que el dinero gastado en el psicólogo ha sido el mejor invertido de mi vida, porque ahora soy una versión mejorada de mí misma. Ahora me quiero, me valoro y sobre todo me acepto. Hasta que no me asumí a mí misma con todo lo bueno y lo malo no empecé realmente a quererme, aunque eso no impide que intente esforzarme en mejorar aquellas facetas mías que menos me gustan, pero no me obsesiono y tampoco me fustigo por ello. En definitiva, no sabía quererme bien y aprendí a hacerlo. 

Como es normal, aun estando bien, también tengo mis días malos, pero los controlo mucho mejor que antes, ya no pienso que es el fin del mundo por cualquier cosa porque de lo que estoy segura es que tras ellos vendrán otros mejores. TODO PASA.

 

Y esta es parte de mi historia. Nada extraordinario, pero real.

 

Así soy yo, simplemente Bea.  

 



Treinta y uno y más.

3.12.20


No sé vosotros, pero mi sensación es que el tiempo cada vez pasa más deprisa. Quizás sea el que ya de por sí cuanta más edad vas cumpliendo todo parece coger más velocidad sumado a que la sociedad de, permitidme la expresión, de usar y tirar, nos obliga de alguna manera a ello.

Estamos en la era de la inmediatez, la del olvido fácil y la del trabajo aún más rápido. Los resultados los queremos ya, no mañana, ni pasado, sino ya. Primamos la cantidad a la calidad, el ahora al poco a poco, el destino al viaje... Resultados, resultados, y resultados y si pudo ser ayer mejor que ahora o mañana.

Probablemente tú que me estás leyendo pensarás que este año ha sido nefasto y no has hecho nada importante. Según escribo estas palabras me doy cuenta de que yo misma hace unos días hablaba con una amiga y llegamos a la conclusión (ahora veo que errónea), de que 2020 no contaba porque realmente este año había sido un año en blanco. ¿En blanco de verdad?

No, no ha sido un año en blanco, ni vacío ni absurdo. Ha sido un año en el que hemos tenido tiempo, pero tiempo de verdad. Acaso tú, que me estás leyendo, ¿no echas un poquito de menos tener más? Dejemos de lado la pandemia y la  crisis económica que se avecina. ¿Pero no echas nada de menos el poder pasar más tiempo con tus hijos, con tus padres, leyendo, o haciendo chorrocientas videollamadas con tus amigos que antes veías más que ahora las medidas se han relajado?

Este 2020 para mí ha sido muy buen año y a la vez malo, ahí radica su peculiaridad. No quiero lo mal que lo he pasado en muchos momentos, pero a cambio, pude estar más tiempo con mis padres, para hacer cosas que me gustaban, me puse (y creo que todos), nos pusimos de acuerdo con nuestros vecinos en salir a los balcones a aplaudir a los sanitarios, y a tener rutinas en una jaula llamada casa, que no podía ser un mejor lugar. También me he vuelto más selectiva y además, ¿por qué no? He podido terminar tres novelas. Sí, tres. Si me llegan a decir esto último hace solamente diez meses habría pensado que mi interlocutor no estaba bien de la cabeza.

Y así ha sido mi 2020, el año en el que tenía 30 años, y que ha estado lleno de momentos llenos de contrastes buenos y malos. En mi caso sé que son más de los normales, pero este maldito bendito 2020 me ha hecho crecer, aprender a enfrentarme a mis miedos y a pérdidas; a sobreponerme y a sonreír aunque no hubiera ganas, a mirar al futuro sin olvidar que estoy en el momento presente. 

No sé lo que me deparan los treinta y uno que justo hoy cumplo, pero a los treinta les despido con una sonrisa llena de lágrimas. Así ha sido mi año.


¿Cómo ha sido el vuestro? Os leo si me lo queréis contar J.

 

Un abrazo.

Fragmento de Sí, siempre fuiste tú.

25.11.20

Hola, hola.

Os dejo un fragmento de Sí, siempre fuiste tú.

Quiero aclarar que como mujer en absoluto estoy de acuerdo con la violencia machista, pero que en esta novela, al igual que en Ojalá no fueras tú, quise ir un poco más allá dentro del género. La romántica es mucho más que una historia de amor, cabe todo y aquí hay un ejemplo.

—¿Si te doy asco por qué no me dejas? Me iré de esta casa y podrás ser feliz. Esto no es bueno para ninguno de los dos.
—¿Por qué quieres deshacerte de mí? ¿Quieres salir para correr detrás de ese cerdo que te hizo daño? —me pregunta tan seguro de sí mismo que me cuesta creer que piense que él no me lo está haciendo. En ningún momento deja de pegarme—. Eres mía, ¿me oyes? ¡Solo mía! Y no voy a permitir que te toque. Que nadie se te acerque, porque te quiero y tenemos que estar juntos hasta que la muerte nos separe. Por eso, Tina, esto que te estoy haciendo me duele más a mí que a ti, pero es por nuestro bien, es para que comprendas que tenemos que estar juntos.
—Darío, por favor, déjame ya. 
—No, todavía no has aprendido.

(...)

Me arrodillo vencida y así me convierto en una piltrafa humana. Me lamento, no tendría que haber dejado llegar este momento. Debería haberle dicho a Rocío que no se fuera cuando nos dejaron en casa, ella insistió varias veces, pero yo creí que podría manejarlo. Me arrepiento, tendría que haber pedido ayuda a mis amigas, a mis padres, a alguien… No me tendría que haber quedado callada con el primer empujón, con el control de mi móvil. Tendría que haberlo evitado al primer signo de maltrato, pero creí sus palabras de perdón. No me duelen tanto sus golpes como el darme cuenta de que hace mucho que dejé de tener amor propio. Desde el primer momento en el que permití que me insultara, que me empujara o cuando me hizo daño en el brazo el día que me lo disloqué, tendría que haber huido.