Me niego a olvidarte

15.8.18

Hace más de cinco meses que te fuiste para nunca más volver y todavía no me hago a la idea.

No creo que sea posible que las letras en las que ponía tu nombre, apellidos, fecha de nacimiento y de fallecimiento fueran las tuyas. No quiero creerlo, no puede ser verdad y me niego a asumir tener recuerdos en los que en ninguno de ellos aparezcas tú.

Me da miedo de olvidar tu voz, tu manera de reír, y hablar. También tus rasgos, y tu altura. Soy incapaz de estar donde creciste sin pensar que en cualquier momento vas a aparecer con una bolsa enorme de fruta que tanto te gustaba. O que tu nunca más vas a dejar tu sombrero colgado de las rejas de la ventana.

Tampoco quiero olvidar tu personalidad carismática, sin dobleces, no tratabas de disimular tus defectos, al final salían a relucir tus buenos sentimientos y eso te convertía en especial y único. En un ser singular e inigualable al que se odiaba o quería, y yo creo que nunca llegué a decirte lo segundo, tío.

No asumo tu pérdida y sigo bloqueada en ese día 14, a las siete de la mañana en el que me enteré que ya no podría decirte nada más. Espero que con estas líneas cinco meses y un día después poder avanzar. Dejar de tratar de recordarte todo el tiempo y poder dejarme de poner triste cuando te recuerde. Sé que debo dejarte ir, pero espero que todavía no te hayas ido lo suficientemente lejos y puedas leer estas líneas desde donde estés.

Hasta siempre, tío David.


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